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Montse Armas: “Las personas que han creído en el proyecto son las que han hecho grande Udapa"



Montse Armas es la persona que más tiempo lleva dentro de Udapa. Su juventud no le impidió dar un salto al mundo laboral y sumarse al proyecto desde un primer momento, y su compromiso, gran esfuerzo y saber hacer le llevaron a asumir la dirección del departamento de gestión. Ella conoce mejor que nadie cómo echó a andar la cooperativa, y en esta entrevista cuenta cuales fueron sus impresiones al respecto. ¿Cómo recuerdas los inicios de la cooperativa? Recuerdo los inicios con mucha incertidumbre. Udapa nació con el principal objetivo de darle ese valor y reconocimiento que merecía un producto tan nuestro y característico como era (y es) la patata de Álava, y a pesar de que tradicionalmente este ha sido un territorio patatero, hasta ese momento no se vendían patatas en los supermercados, por lo que tuvimos que introducir un nuevo producto en las tiendas, distinguiéndolo mediante el sello Eusko Label, un sello de calidad de reciente creación. ¿Cómo acogieron los agricultores y agricultoras de la zona el nacimiento de Udapa? En sus inicios la Unión de Asociaciones de Patata de Álava (esto es, UDAPA) estaba integrada por las diferentes entidades alavesas que estaban relacionadas con la patata y el sector. Pero un año después de su creación, la mayoría de productores y productoras se desvincularon del proyecto porque no creían en él, o no estaban de acuerdo con las altas exigencias de calidad que demandaba por aquel entonces el mercado.
Únicamente fueron los y las agricultoras de COAFOR, hoy PROPACO, los que siguieron confiando en el proyecto, porque al ser de la zona, de vez en cuando se paseaban por nuestras instalaciones y veían cómo íbamos prosperando poco a poco. ¿Dónde estaban ubicadas las primeras instalaciones? Comenzamos nuestra andadura en la calle Zuazobidea compartiendo almacén con la cooperativa COCEFOR. Al principio les alquilamos una nave, pero a medida que fuimos creciendo necesitábamos más espacio, por lo que en el 2003 nos trasladamos a la planta de la calle Arriurdina. Pero la cooperativa siguió creciendo, y en el 2008 inauguramos nuestras actuales instalaciones de la calle Paduleta, a las que en 2019, se sumaron las de Zuazobidea 36. ¿Con cuántos trabajadores y trabajadoras contaba la cooperativa al inicio? Al principio éramos 5 en plantilla: en el almacén había 3 personas envasando el producto, mientras que los otros 2 nos encargábamos de la gestión y comercialización del mismo. Pero una vez que afianzamos nuestro camino y comenzamos a crecer, acabamos nuestra andadura de Zuazobidea con 30 personas en plantilla, y seguimos creciendo hasta finalizar la etapa de Arriurdina con 70 personas. Y ahora aquí, en Paduleta y Z36 hemos llegado a ser hasta 115 trabajadores y trabajadoras. ¿Cuál ha sido la presencia femenina dentro de la empresa? La presencia femenina en Udapa siempre ha sido muy importante y necesaria. Aunque al principio yo era la única mujer, poco a poco se fueron incorporando más al proyecto, haciendo que nuestra representación sea muy similar a la de los hombres. Tenemos que tener en cuenta que en Udapa el proceso de selección del producto es algo clave, y ahí confiamos más en el buen hacer de las mujeres porque somos más meticulosas. ¿Quiénes eran los principales clientes de la época? ¿Y en qué zona geográfica se comercializaban las patatas de Udapa? Al principio, nuestros principales clientes eran los mercados mayoristas y algunas cadenas de la gran distribución; y vendíamos el producto a nivel del País Vasco y Navarra entregando las mallas de patata tienda a tienda, con pequeños camiones de reparto. Años después, cuando las cadenas de distribución empezaron a organizarse a través de sus plataformas, el proceso del reparto se agilizó y nuestras patatas empezaron a llegar a otras zonas geográficas. ¿Cuáles eran las principales referencias, formatos y variedades que se comercializaban? El primer año únicamente comercializamos las mallas de patata de Álava con el sello Eusko Label. Pero después empezamos a comprar patata de otras regiones de España, y para diferenciar unas de otras fuimos creando diferentes marcas. Años después, debido a la insistente demanda por parte de uno de nuestros clientes de una patata que fuese más atractiva visualmente (es decir, con formas más suaves, de color más intenso,…), decidimos comenzar a importar patata de Francia. ¿Y cómo fue empezar a trabajar con patata de Francia? Pues lo cierto es que nos llevamos una gran sorpresa, porque nosotros creíamos que nuestra patata era la mejor del mundo, y al compararla con la que llegaba del país vecino nos dimos cuenta de que teníamos que intentar mejorar nuestro proceso de producción para conseguir mantener su calidad, y hacerlas más atractivas visualmente. Desde entonces, son varios los técnicos de campo los que controlan el cultivo, apoyando y asesorando a nuestros agricultores y agricultoras en todo momento. A sus 30 años, ¿cómo ves la situación actual de la cooperativa y el futuro de la misma? La verdad es que nunca hubiera imaginado que fuéramos a llegar tan lejos, o tal vez en mis mejores sueños sí… Sinceramente creo que han sido las personas que han creído en este proyecto cooperativo las que lo han hecho grande. Llegar hasta aquí no ha sido nada fácil, todo esto ha requerido mucho esfuerzo, pero al final me parece que el camino que hemos recorrido ha sido satisfactorio y que ha merecido la pena.
A pesar de la gran incertidumbre que estamos viviendo durante estos últimos años a causa de la pandemia, la guerra, la inflación,… creo que podríamos calificar la situación actual de la cooperativa como buena. Eso sí, no creo que en el futuro Udapa vaya a crecer mucho más, ya que desgraciadamente el consumo del producto fresco está descendiendo. En lo que sí que creo que tenemos mucho margen de crecimiento es con el proyecto de Paturpat, ya que los productos elaborados cada vez tienen más adeptos.
Aun así, desde la cooperativa seguiremos apostando por la producción propia, impulsando el cultivo de la patata en el territorio y controlando su calidad, confiando en nuestra tierra y en nuestros agricultores y agriculturas, para seguir demostrando que en Álava también se pueden producir patatas de gran calidad.
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